Toni Catany. Cuando ir era volver.

Toni Catany (Llucmayor, Mallorca1942 – Barcelona,2013) es, sin duda, una figura de referencia en el mundo de la fotografía contemporánea, gracias a una obra atemporal de vocación pictórica en la que predominan los temas clásicos, como la naturaleza muerta, el retrato, el desnudo o el paisaje, fotografiados con una sensibilidad y una estética muy personales. A menudo sus imágenes parecen suspendidas en el tiempo, efecto que consigue experimentando con los procedimientos, mediante la recuperación de técnicas antiguas del sigo XIX, como el calotipo, o innovando con nuevos sistemas, como en el caso de las polaroids transportadas y, en los últimos años, con el uso de la cámara digital.

La vida y la obra de Toni Catany se podrían definir quizá como una incesante sucesión de idas y venidas, entre Llucmajor y Barcelona, entre el Mediterráneo y el resto del mundo, entre el interior y el exterior, entre los proyectos y los recuerdos, entre los procesos fotográficos del pasado y las tecnologías actuales. Todo acaba siendo cuestión de idas y venidas, de vaivenes, de entradas y salidas, de aquí y de allá. Pareciera que, Cuando ir era volver.

Toni fue un buen lector del mundo, que por necesidad íntima, viajaba. Viajero incansable, recorre los cinco continentes. Viajaba de ida y vuelta para encontrar aquí y allá sus paraísos, que no eran sino aquello que lo conmovía, aquello que antiguamente había sembrado en su alma y que súbitamente encontraba en flor de algún rincón del mundo.

La obra de Toni más que mostrar evoca. Hace que la belleza del desnudo estilice la sutileza de las formas que configuran la fragmentación del cuerpo en la atmósfera, allá en el espacio de los dioses, en la impronta del sello que pernocta en el grano de plata que él mina con la suavidad de la caricia. Es un escultor con su mirada.

En las naturalezas muertas o bodegones, en los paisajes, Catany propone la unidad de las cosas, ese tiempo que ha transcurrido y ha dejado la huella de la inmortalidad.

Estuviera donde estuviera, hiciera lo que hiciera, Catany buscaba siempre las mismas cosas, sin renunciar jamás a sus impulsos, sus pasiones, sus obsesiones. Era un constructor de la belleza sin tiempo, y lo plasmaba con una flor mustia, unas frutas podridas o unas conchas, era su manera de hablar del tiempo. A las flores que posan en su fotos, no se le caen los pétalos, porque saben que aun estando muertas, su belleza perdura en el tiempo inenarrable de la fotografía.

Lleva el tiempo de la fotografía en su obra, primero con los calotipos, y más tarde el color crea un espacio privado, que se convierte en su jardín interior pues nadie como él ha sabido transmitir las sensaciones, las sustancias de las cosas y su naturaleza, que en definitiva es el color que percibimos. Catany es intemporal, nunca sabrás si una foto suya está hecha ayer mismo o hace cincuenta años.

Toni decía “mis fotos son autobiográficas” tanto si se trata de un cuerpo como de un melocotón. Cuando necesito expresarme las fotos me salen del corazón. Mi pretensión, en definitiva, es despertar alguna sensación en la gente, tan simple como la que puede provocar el perfume de un jazmín oculto detrás de una tapia.

Por Estrella Serrano.

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Un comentario en “Toni Catany. Cuando ir era volver.

  1. Hermoso estrella, has captado y maravillosamente explicado esta historia de amor de Toni Catany con la vida, con los objetos, lis hombres, los pausajes, en el tiempo. La vida…marchita ¡qué belleza

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