FRANTISEK TICHY. Una realidad ficticia tras la máscara

Frantisek Tichy nos muestra en sus personajes ocultos tras una máscara, la triste realidad de un mundo que hay que buscar en la oscuridad. El circo es el medio que el artista elige para dar a conocer, la ironía de toda esa falsedad que nos rodea.

Pintor y grabador, nace el 24 de marzo de 1896 en Praga, muere en esta misma ciudad el 7 de octubre de 1961. Cursa sus estudios en la Academia de Arte en Praga, y al finalizar marchó a la capital francesa donde se instaló entre 1930 y 35. Estos años fueron un período de aprendizaje donde se centró en la obra de aquellos a quienes admiraba, Seurat, Daumier y Picasso. Tichy colaboró con las revistas checas “Zivot” (vida), “Volné smery” (tendencias libres), “Vytvarné umení” (Arte creativo). Creo toda una escuela con sus ilustraciones y diseños de portadas de libros, destacando su trabajo “El cuervo” de E.A. Poe.

Tras su regreso a Praga, trabajó como profesor en la “Escuela Superior de Arte Industrial”. Se movió en diversos medios, fue escenógrafo, pintor, ilustrador y un magnífico grabador.

Al igual que otros artistas de su tiempo, Frantisek Tichy estaba marcado por la fuerza y proceso  del cubismo y del expresionismo. La vida y el simbolismo son dos notas comunes en el diálogo de su obra. La poesía de sus imágenes, junto a lo grotesco y hasta lo melancólico, hace que estén llenas de lecturas diferentes que se esconden tras los antifaces de sus comediantes.

En su gráfica parece tener predilección por la punta seca en blanco y negro y la litografía si la estampación es a color. La composición es una simple línea que, con su recorrido, genera la forma figurativa que guarda el ritmo y movimiento del propio trazo que la origina.

La obra del artista no es exactamente ni alegoría ni metáfora, sino el disfraz que tapa y a la vez refleja una realidad, si es que tal concepto existe. Poeta de la punta seca de  escenas sencillas en las que nos muestra la existencia humana.

Su trabajo queda como uno de las más interesantes de su época. La fuerza expresiva, de sencillo contenido de formas y líneas, da un resultado de especial atmósfera que envuelve a sus figuras. Mimos y payasos que se mueven dentro de lo mágico, tras la máscara que cubre los rostros, se encuentra lo trágico de la amarga realidad de sus solitarias formas.

La primera exposición de Frantisek Tichy fue a su regreso de París en 1932, aunque no era conocido tuvo buena crítica, a partir de ese momento expuso con regularidad. Se puede decir que llegó a ser uno de los grandes artistas checos del siglo XX.

Constantemente intentaba mostrarnos lo que hay detrás, esa parte oculta que debemos buscar en la oscuridad, tras los focos de la plataforma teatral: el circo. Su labor ha dejado una huella importante entre las creaciones de los años cuarenta y cincuenta. Algunos poetas y escritores checos han realizado alguna alabanza a su obra, entre ellos Jaroslav Seifert, Nezval y Vladimír Holan.

Nezval, poeta checo del siglo XX, fue capaz de pasar a palabras, en su poema “Levitación” de 1945, toda esa complejidad y hasta espiritualidad de los individuos que actúan en las composiciones de Frantisek Tichy.

Aligerar  las cosas de su propio peso.

Ser desesperadamente pobre y caminar erguido como un conde,

como la luna amiga del sueño y los cipreses.

Saber elevar el mar hacia las alturas.

Dar alas de abeja a los golpes humanos,

volar sin alas ni timón

aligerar el destino humano de la muerte y el terror

y así con el ataúd elevarse hacia lo cielos.

Por Mercedes de la Zarza.

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