Sobre Makhmalbaf (IV)

حنا مخملباف (Hana Makhmalbaf)

Nacida en Teherán el 3 de septiembre de 1988, es la hija pequeña de Mohsen Makhmalbaf y hermana de Samira Makhmalbaf. También es directora de cine y consiguió un enorme reconocimiento gracias a su película Buda explotó por vergüenza con 18 años.

Ella dice que su forma de gritar es cogiendo una cámara y filmando, lo cual no puede resultar extraño dado que como su hermana, lleva en las venas la justicia social y la dedicación por el cine, y también muy pequeña ya colaboraba en los films de su padre. Actuó con 7 años en Un momento de inocencia. Y con solo 8 ya cursaba estudios de cine y filmó un cortometraje titulado The day my Aunt was ill, que obtuvo muy buenas críticas. En paralelo colaboró con los demás miembros de su familia en otros proyectos cinematográficos.

A los 14 años filmó el documental llamado La alegría de la locura, como apoyo a su hermana Samira mientras seleccionaba y convencía a actores para llevar a cabo la película A las 5 de la tarde. El documental se estrenó en la Mostra de Venecia de 2003, siéndole casi prohibida la entrada a la propia ejecutora, puesto que en Italia un menor tiene prohibido ver una película que no ha sido calificada. Pero el absurdo estaba servido teniendo en cuenta que ella realizó la película, con lo cual pudo asistir. Ganó 3 premios internacionales y ese mismo año escribió el libro de poesía Visa for one moment.

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Su primer largometraje, Buda explotó por vergüenza, fue rodado en 2007, sobre un guión escrito por su madre, Marziyeh Meshkini. Fue un gran éxito y galardonada en festivales de tanto renombre como el Internacional de Cine de Berlín o el de San Sebastián.

Su última película, Green Days, se rodó en 2009, durante las manifestaciones en Irán, que provocaron la reelección del presidente Mahmoud Ahmadinejad. Hana aprovechó el lanzamiento de su película para denunciar públicamente en cada evento al que asistía las numerosas violaciones a los derechos humanos y políticos en su país de origen.

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Buda az sharm for rikht (Buda explotó por vergüenza)

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 Es una producción franco-iraní, que nos transmite una  historia desarrollada bajo las estatuas de los Budas de Bamiyan, destruidas por los talibanes, bajo las que viven muchas familias. Allí, una niña afgana de seis años llamada Baktay, (Nikbakht Noruz), se siente atraída por ir a la escuela gracias a un niño que conoce y que suele leer los alfabetos en una cueva.

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Vive una verdadera odisea para comprar un cuaderno con el que poder estudiar. Al no tener lápiz usa el pintalabios de su madre. Cuando va a la escuela, algunos niños la acosan violentamente, hasta el punto de lapidarla, intentando destruirla como a Buda.  Y Baktay no es la única. Otras niñas están encerradas en las cuevas por  ellos. Estos niños juegan a la guerra usando ramas de los árboles como si fueran fusiles. Baktay, a pesar de todo, seguirá adelante en su afán por aprender el alfabeto.

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Se aprecia poca rigidez en el guion escrito por la madre de Hana, lo que facilita un ingenio absoluto en la modelación del montaje por parte de la benjamina de la familia, que se concentra en la metáfora continua sobre la vida, la guerra, la presencia continua de los reductos talibanes y por tanto,  la ausencia de la libertad.

“No quiero jugar a apedrear. No me gusta jugar a la guerra”

 “Baktay, muérete, si no te mueres, no serás libre”.

Frases de Buda explotó por vergüenza. 

Todas las escenas tienen mucho contenido, transmitiendo ideas rebeldes o mensajes de protesta. Pero Baktay es la idea más emotiva de todas. Ella solo quiere ir a la escuela. Quiere que no la traten mal por ello. Y necesita un lápiz y un cuaderno. Nikbakht Noruz, hace un papel ejemplar. Solo sus expresiones faciales aportan la tensión, la ternura y a veces la diversión, en sus contextos más extremos. La empatía es inevitable. La ética de su corazón se clava dentro.

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“Afganistán es un país extraño. En 25 años ha tenido varios gobernantes: los comunistas y sus aliados soviéticos; Al Qaeda; los talibanes y los occidentales. Cada dirigente ha contribuido a devastar Afganistán, con el objetivo de salvar al país de la hegemonía del contrario. Las destrucciones no sólo se limitan a ciudades y hogares. Los niños juegan a dispararse con armas de madera, a lapidar a las niñas y a colocar minas… Intenté reflejar los efectos de años de violencia con una imagen actual de Afganistán, para que los adultos puedan darse cuenta cómo su comportamiento afecta a las generaciones más jóvenes. Los niños son los adultos del mañana. Si se acostumbran a la violencia, el futuro del mundo correrá un gran peligro”.

Por Hana Makhmalbaf

 Mírzam Sólsetur

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