Sobre Makhmalbaf (I)

Pronunciar “Makhmalbaf” es materializar arte social en los labios. Constituye el nombre que con honor ostentan Mohsen, Marzieh, Samira , Maysam y Hana. Personas comprometidas, patriotas consagrados y oradores audiovisuales de un Irán al que le queda un largo camino hasta su verdadera liberación. Pero ellos son sobre todas las cosas familia. Padre, madre e hijos.

محسن مخملباف (Mohsen Makhmalbaf)

Nacido en Teherán el 29 de mayo de 1957, es uno de los máximos exponentes de la nueva ola del cine iraní de los 80, a partir de la cual ha dedicado su vida puramente al activismo en pro de los derechos humanos usando como instrumentos el cine y la literatura, en labores de director, productor, escritor, guionista y docente.

Desde su nacimiento tuvo la misma vida complicada que tantos niños pobres iraníes, que suelen habitar barrios que son caldo de cultivo de la religión en sus puntos más álgidos y extremos. Mohsen, además, pasaba por una situación conflictiva en su familia. Sus padres se separaron y se lo disputaron, hasta que todo se truncó siendo raptado por su padre, durante un corto periodo de tiempo, para acabar volviendo con su familia materna después. Ya en ese tramo convulso de niñez en manos de su padre se interesó por la literatura por medio de la lectura de novelas y textos espirituales y esa confluencia le acercó a a escribir como una necesidad innata, que había despertado cuando llegaron los libros a sus manos.

No pudo tener unos estudios decentes, dada la mala situación económica. Así que a partir de los 12 años comenzó a tener múltiples profesiones de pura supervivencia.

Durante su adolescencia se unió a varios grupos revolucionarios clandestinos cuyo objetivo era la lucha contra el régimen dictatorial del Sha de Persia y antes de cumplir los 18 ya había probado las condiciones de la cárcel por un altercado con la policía, y solo sería la revolución iraní la que le permitiría recobrar su libertad. Las torturas en la cárcel y las experiencias emocionales brutales de su encierro provocaron que a su salida su alma estuviera demacrada y sus piernas no respondieran hasta numerosas intervenciones quirúrgicas posteriores.

Abandonó el camino radical por el activismo no-violento a través del arte, al concienciarse de que la revolución física solo era una forma de imposición y de jerarquías que alienaban al pueblo y que el cambio debía producirse a través del trabajo mental de los ciudadanos iraníes.

Floreció en los 80 con sus historias escritas en diferentes formatos, (novela, fábulas, obras de teatro y guiones cinematográficos) y les dio cauce fundando el Centre for the spread of Islamic thinking and art, un centro que como dice su propia definición, se desarrolla en la difusión propagandística desde el punto de vista del arte, centrado en la cultura islámica.

Como todo genio de alma inmensa no le resultó imprescindible estudiar en ninguna escuela artística, no ya para dedicarse al cine, sino para que procediendo con él consiguiera acercar la alfabetización, la cultura y la libertad de pensamiento a la gente y rechazó dedicarse a cualquier clase de cine comercial bollywoodiense que contribuyera a las tradiciones preconcebidas y encasilladas.

Trabajó para diferentes realizadores iraníes que surgieron en aquel momento y tuvo el beneplácito del público, a pesar de lo que podía considerarse una osadía cinematográfica censurable en aquella época.

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Fue El ciclista su primer gran éxito como director y guionista y la película que le dispararía cual meteoro a la escala internacional. En este film, Nassim, un refugiado afgano, necesita dinero para pagar las facturas del médico de su mujer. Un agente de negocios de fama dudosa le aconseja que compita en una maratón de bicicleta para ganar el dinero. Todo depende de que Nassim recorra en círculo una zona poco extensa en las afueras de la ciudad 24 horas al día durante una semana. Otros jugadores ciclistas y personajes urbanos pondrán obstáculos y se aprovecharán del sufrimiento de Nassim.

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Tras una extensa y exitosa filmografía  durante toda su carrera, Makhmalbaf ha sido proclamado presidente de la Asian Film Academy, en la que ejerce su puesto desde 2009.

Hemos de retroceder y parar en 1996, un momento clave en la historia del cine iraní y en la vida del propio Mohsen. Su hija Samira, decidió abandonar los estudios escolares para cursar cine y encontró que la única forma de hacerlo era a través de un sistema universitario deficiente y absolutamente atado por las conveniencias gubernamentales. Así pues, Mohsen tomaría cartas en el asunto y decidiría muto proprio abandonar al menos temporalmente la realización y dedicarse a la docencia de realizadores. Impulsó una propuesta al Ministerio de Cultura iraní para fundar una escuela de cine de rango universitario, pero teniendo en cuenta que el propio realizador era un ciudadano subversivo para el gobierno la negativa estaba garantizada. Estaría cavando su propia tumba si admitiera el desarrollo de más elementos como Makhmalbaf en su sistema político. Esto no lo pararía, y crearía una escuela en su hogar, la Makhmalbaf Film School, contando con el apoyo y colaboración de muchísimos amigos profesionales del medio, de los cuales algunos ejercieron como profesores. No se centraron en el cine, sino también en la experimentación pictórica, fotográfica, poética, musical e incluso en los idiomas. Y aunque hemos de decir que la escuela estaba conformada por hijos o conocidos de los propios ejercientes, es innegable que fue la semilla de algo que crecería imparable.

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“Mi mente estaba llena de ideas, y mi corazón henchido de la emoción de la creación… pasé cuatro años en la enseñanza de las artes del cine. En lugar de crear películas, decidí que iba a crear cineastas”.

La Makhmalbaf Film School evolucionaría a productora cinematográfica en la que participarían  todos los miembros de la familia. Marzieh Meshkini, matriarca, realizaría The day I became a woman, la hija mayor, Samira, La pizarra y La manzana, habría otros proyectos de los hijos menores y la participación auxiliar de toda la familia en el proyecto realizado por Mohsen, The Silence.

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Poco después, Mohsen produjo una película de financiación extranjera, titulada Un momento de inocencia, ambientada en la experiencia del director cuando en su juventud al tratar de escapar de la policía apuñaló a un agente. Un reencuentro se produce muchos años más tarde entre ese mismo agente y él.

El gobierno iraní no autorizó su estreno a no ser que se produjeran recortes en determinadas escenas, a lo que el realizador se negó. Como no iba a obtener los beneficios esperados de la proyección de su película, prefirió hipotecar su casa para pagar el crédito hipotecario extranjero. Nunca cedería a las presiones del gobierno. 

“Para mí, el arte no es sólo arte. Soy un director que quiere cambiar el mundo a través del cine. Las películas pueden dar a conocer al público rincones no reconocidos del mundo, e incluso estimularlos a la acción “.

Mírzam Sólsetur

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